Se trata de una tradición milenaria que pasa de generación en Generación.
El Día Mundial del Bordado y su origen
Cada 30 de julio, se celebra en todo el mundo el Día del Bordado, una fecha simbólica que invita a reconocer y honrar una práctica que ha unido generaciones, culturas y emociones por siglos. Esta conmemoración nace en 2011 por iniciativa de un grupo de bordadoras en Suecia —la Broderiakademin (Academia de Bordado)— como una forma de preservar una técnica que, aunque silenciosa, ha contado más historias que muchos libros.
El propósito era claro: visibilizar el bordado como una expresión de arte viva, llena de significado, que merecía su espacio en la conversación cultural y artística del mundo.
Bordar: una acción lenta, amorosa y trascendente
En un mundo cada vez más acelerado y digital, el bordado se levanta como un acto de resistencia. Bordar es hacer pausa, es dejar huella con cada hilo, es sanar y recordar. No se trata únicamente de coser, sino de tejer emociones, vivencias y herencias.
Bordar es conversar sin hablar. Es un lenguaje heredado de las abuelas, de los campos, de las comunidades indígenas y campesinas, y de las mujeres que, en sus tiempos de espera o silencio, creaban mundos con aguja en mano.
Una técnica, múltiples significados
El bordado ha servido como:
Lenguaje espiritual: usado por culturas indígenas como forma de conexión con el universo, representando símbolos ancestrales y visiones.
Memoria histórica: muchas mujeres han bordado la historia que no se escribió con tinta. Desde pañuelos de lucha hasta ropas de bautizo, el bordado ha documentado la vida.
Terapia emocional: estudios y experiencias personales coinciden en que bordar ayuda a sanar heridas del alma, disminuye el estrés y estimula la concentración. Incluso se ha usado como herramienta de recuperación en procesos de duelo, posguerra y trauma.
El bordado en Colombia: una joya que no deja de brillar
En Colombia, el bordado es una manifestación cultural profundamente arraigada. Cartago, Valle del Cauca, por ejemplo, ha sido reconocida como la capital nacional del bordado, donde se celebran exposiciones, talleres y rutas culturales en torno a esta práctica.
Pero más allá de Cartago, el bordado vive en comunidades como los Wayuu, con sus coloridos tejidos, o las mujeres de Mompox, Boyacá, Nariño y Putumayo, donde cada región le aporta una estética única al arte textil.
Una comunidad global que resurge
Gracias a redes sociales y plataformas digitales, el bordado ha vuelto a florecer entre nuevas generaciones. Jóvenes artistas reinterpretan técnicas tradicionales con mensajes actuales: feminismo, cuidado ambiental, diversidad e identidad. Se crean bordados urbanos, colectivos, participativos.
Los grupos de bordado han vuelto a ser espacios de conversación, de encuentro, de contención emocional. En algunos lugares del mundo se organizan incluso bordatones, exposiciones públicas o sesiones en parques para promover el acto de bordar como gesto político y comunitario.
¿Por qué celebrarlo en tu comunidad o emprendimiento?
Celebrar el Día Mundial del Bordado es más que rendir homenaje a una técnica: es reconocer el valor invisible del trabajo artesanal, es cuidar la memoria textil, es volver al origen.
Puedes celebrarlo en tu proyecto con:
Talleres gratuitos o virtuales
Muestras de bordados históricos
Entrevistas a bordadoras mayores
Exposición de bordados con causa social
Campañas conmemorativas en redes sociales
Ventas especiales de piezas bordadas con historia


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